SEMILLAS DE DIOS

domingo, 25 de septiembre de 2016

Domingo XXVI-T.O.25 de septiembre 2016-C. !!! VÍDEO EVANGELIO !!!.






Septiembre 25. Homilía del XXVI Domingo durante el año (Ciclo C). No olvidemos que la Misericordia, la podemos esperar, cuando hemos sido misericordiosos. Por eso, no cerremos el corazón, a las necesidades de nuestros hermanos. Feliz domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


















No  olvidemos que la Misericordia, la podemos esperar, cuando hemos sido misericordiosos. Por eso, no cerremos el corazón, a las necesidades de nuestros hermanos. Feliz domingo.
Padre Colominas.


Homilía del XXVI Domingo 
durante el año (Ciclo C)




1. Las lecturas que hemos tenido hoy, nos invitan a levantar nuestra mirada a la realidad que estamos viviendo. Vivimos en medio de una sociedad injusta. Mientras que unos pocos tienen mucho, muchos no tienen ni siquiera lo necesario para vivir.

2. Lo peor de esta situación, es que para algunos esto les parece algo natural. Viven felices en medio de su comodidad, y se olvidan de los sufrimientos y de la miseria que viven muchos hermanos. El gran pecado que carga sobre las conciencias de muchas personas, es la falta de sensibilidad social.

3. Es cierto que la pobreza puede tener muchas causas. Por ejemplo:

> Existe la ignorancia, que le cierra a muchas personas el camino de la superación.
> Existe la pereza, que hace que muchos no alcancen aquello que podrían tener.
> Existen la enfermedad, la marginación, las limitaciones físicas.
> Existen también las injusticias, que han dejado a muchas personas en la miseria.

4. Pero, junto a estas causas, existe también la falta de sensibilidad, que nos lleva a cerrar los ojos ante toda esta realidad. Personas que solamente piensan en sí mismas y que no se fijan en los demás.

5. Esto nos lo retrata la primera lectura cuando dice: «Ustedes descansan en su orgullo y se sienten seguros. Tendidos en camas de marfil,
 o recostados cómodamente sobre sus sofás, comen corderitos del rebaño y terneros 
sacados del establo, canturrean al son del arpa y, como David, improvisan canciones. Beben vino en grandes copas, se perfuman con aceite exquisito, pero no se afligen por el desastre de mi pueblo».

6. Esta situación es dolorosa ante los ojos de Dios, porque todos nosotros somos sus hijos, y los bienes de la creación, Dios los ha puesto para el bien de todos y no solamente de unos cuantos.

7. El problema de la pobreza y de la miseria, no consiste en que el mundo no sea capaz de sostener y alimentar, a la población que lo habita. El problema está en la injusta distribución de los bienes y en la falta de caridad que existe, en muchos de los que tienen en abundancia.

8. Hoy, Jesús nos invita a reflexionar en una parábola: la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. Una parábola en la que muchos de nosotros, podemos vernos reflejados. Una Parábola que nos invita a la conversión.


9. Nos presenta dos realidades: la de Epulón, que era el hombre que tenía todo lo que se puede desear. Se vestía con ropa finísima y banqueteaba todos los días. Y en cambio, Lázaro carecía de todo lo necesario. Todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas.

10. El contraste entre Epulón y Lázaro es realmente impactante. Sin embargo, el problema no está en que uno tenga todo, y el otro no tenga nada. El problema está en que Epulón, teniendo a Lázaro en su propia puerta, no lo ve ni le pone atención. Lo mira como “algo” que está allí. Pero no lo descubre como una persona que necesita de su ayuda, de su misericordia.

11. No nos dice la parábola, cuánto tiempo duró esta situación. Simplemente agrega que murió el pobre y fue llevado por los Ángeles al cielo junto a Abraham, y que también murió el rico, y lo sepultaron.

12. La muerte es una realidad por la que todos hemos de pasar. Ricos y pobres. Todos tendremos que dejar esta vida y enfrentarnos al juicio de Dios. Será un juicio en el que todos recibiremos lo que nos corresponda, de 
acuerdo al bien o al mal, que hayamos hecho a lo largo de nuestra vida.

13. Pero hay algo importante que debemos recordar. Así como hay pecados, en los que hacemos el mal que no deberíamos hacer, así también hay pecados en los que no hacemos el bien, que deberíamos hacer. Esos son los 
pecados que se llaman de omisión. Dejamos de hacer el bien que nos corresponde.

14. Este es el caso que nos presenta la Parábola. Lázaro va al cielo y Epulón va al lugar del castigo. Un gozo y un castigo que son eternos. El cielo no se puede terminar. Es para siempre. Y del infierno nadie puede salir. Del lado por donde cae el árbol, allí se queda.

15. La Parábola nos muestra la tristeza y la angustia que existe, en aquellos que han sido condenados. Fijémonos que ellos no dicen que su castigo es injusto. Al contrario. Ven claramente que lo que reciben, es solamente el fruto de lo que han hecho. Piden alivio y piden compasión, pero no reniegan del castigo que están recibiendo.



16. Nos dice el Evangelio que estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro con él en su regazo. Es una triste visión. Ahora descubre con claridad a Lázaro. Es
cierto que ya lo había visto antes, pero no se había interesado en él.

17. Ahora podrían estar los dos gozando juntos en el cielo. Podrían estar compartiendo la paz y el descanso. Uno, feliz por haber recibido. Y el otro, feliz por haber tenido la oportunidad de hacer el bien. Pero, lástima, Epulón no abrió su corazón a su hermano necesitado. No supo compartir ni siquiera lo que le sobraba.

18. Pero sucede que ahora Epulón, mira a Lázaro y le pide que le ayude. Le grita a Abraham: «Padre Abraham, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas.»

19. ¡Qué triste! Él no le dio a Lázaro ni siquiera los desperdicios de su mesa. Y ahora mendiga !una gota de agua!, para poder encontrar un poco de alivio en su castigo. Es Abraham quien le explica que eso es imposible. No porque Lázaro no quisiera ayudarle, sino porque no se puede llegar, hasta donde él se encuentra.

20. La situación que ahora vive Epulón, ha sido simplemente el fruto de las actitudes que tuvo en su vida. Abraham se lo hace ver claramente: «Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos.

21. Y no es por el hecho de haber recibido bienes, sino por el hecho de no haberlos compartido, con aquel que tenía necesidad y que se encontraba tirado en su propia puerta. Epulón vio la necesidad de Lázaro, pero no le abrió su corazón. Más bien, siguió dándose la buena vida sin importarle los sufrimientos y la necesidad que pasaba su hermano.

22. Epulón se da cuenta de esto y por eso pide que Lázaro vaya a la casa de sus hermanos y que, en una aparición, les haga ver las consecuencias que tiene la falta de 
misericordia. Pero Abraham le hizo ver que todo esto está ya dicho en la Palabra de Dios. Que lo único que necesitan es escucharla y ponerla en práctica.

23. La palabra de Dios es muy clara ya desde el Antiguo Testamento. Nos dice y nos repite que hemos de ser misericordiosos. Por lo tanto, lo único que se necesita, es hacer caso de lo que la Palabra de Dios nos dice.


24. Es cierto que las apariciones de muertos, pueden ser muy impresionantes. Por supuesto. Es claro que el susto que recibimos, puede reforzar el mensaje. Pero el testimonio de la Palabra de Dios, es mucho más importante.

25. Esto nos invita a revisar nuestra vida. Nos invita a ver si de verdad, estamos viviendo la misericordia y la compasión con los necesitados. Dios nos va a pedir cuentas de todo lo que hemos hecho y de lo que hemos dejado de hacer en esta vida.

26. No tenemos necesidad de buscar, dónde están las personas necesitadas. Las tenemos al alcance de nuestra mano. Más aún, los podemos encontrar en nuestra propia casa. Puede ser tu esposa, que te pide que compartas con ella un poco de tu tiempo. La tienes abandonada como una escoba detrás de la puerta. Necesita de tu atención y de tu cariño.

27. Pueden ser tus hijos, que necesitan de ti algo más que dinero y cosas materiales. Necesitan de tu atención, de tu consejo, de tu comprensión, de tu cariño. Muchas veces te interesa más la televisión, que lo que tus hijos te quieren decir.

28. Puede ser que sea tu esposo, que con todos sus defectos necesita de tu perdón y de tu paciencia. A pesar de sus años, se comporta como un adolescente malcriado y caprichoso. Es cierto que no actúa como tú desearías. Pero puedes darle tu ayuda.

29. Puede ser tu suegra. Una buena señora, pero que tienen más buena voluntad que prudencia. Que le gusta meterse en todo, sobre todo cuando no la llaman. Necesita que se le tenga paciencia y que, con mucha delicadeza, se le haga ver que hay que respetar el hogar ajeno, aunque sea el de su hijo o de su hija. Ellos ya son una nueva familia. Una familia distinta.

30. Y así, podríamos ir viendo, muchos casos en los que lo único que se nos pide, es poner atención a los demás y darles lo que está a nuestro alcance. Hay quienes necesitan bienes materiales. Hay quienes nos piden un poco de comida. Otros, en cambio, necesitan un consejo, un poco de atención, un poco de paciencia, algunos conocimientos, etc.

31. Ojalá que todos nosotros, sepamos abrir el corazón, a todas las personas que nos rodean y que tengamos siempre espíritu de Caridad y de Misericordia. Nuestro mundo será mejor y más humano en la medida en que aprendamos, a amarnos los unos, a los otros, como Cristo nos ha amado.




Oración de los fieles
Sacerdote: Con confianza, elevemos nuestras súplicas y peticiones a Dios, que hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos.



Sacerdote: Padre, escucha las oraciones de tu pueblo, haznos cada vez más dóciles a tu voluntad, y enséñanos a compartir los bienes que recibimos de Tí. 



Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.






El Santo Rosario : Misterios Gloriosos. Miércoles y Domingo.