Semillas de Dios.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Septiembre 24. HOMILÍA DEL XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A). Demos gracias a Dios porque no nos da, lo que merecen nuestras obras. Él nos da de acuerdo a su misericordia, que sobrepasa todo lo que podamos imaginar. No nos quejemos de lo que recibimos, porque siempre es más de lo que merecemos.Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


Demos gracias a Dios porque no nos da, lo que merecen nuestras obras. Él nos da de acuerdo a su misericordia, que sobrepasa todo lo que podamos imaginar. No nos quejemos de lo que recibimos, porque siempre es más de lo que merecemos.Feliz Domingo.


HOMILÍA DEL XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A).


1. La primera lectura que hemos tenido hoy, nos quiere recordar que los caminos de Dios, son muy diferentes a los nuestros. Sus planes no coinciden con nuestra manera humana de pensar. Por esta razón es por lo que nos cuesta tanto aceptar, lo que Dios nos va pidiendo en nuestra vida.

2. En muchas ocasiones nos sentimos como defraudados por Dios, porque sentimos que no nos ha dado, lo que nosotros creíamos merecer. Sentimos a veces como que Dios, es injusto para con nosotros.

3. Otras veces creemos que nosotros, tenemos méritos especiales para pedirle a Dios, lo que nosotros queremos y si Dios no nos da lo que nosotros pensamos merecer, entonces nos entran tremendas dudas, acerca de la validez de nuestra vida cristiana y de nuestra Fe.

4. Este es el tema que nos invita a reflexionar este domingo la Palabra de Dios. Dios no nos da lo que merecemos, sino que siempre nos da algo que sobrepasa todos nuestros méritos. Jesús nos presenta esta enseñanza por medio de una parábola: la parábola de los trabajadores de la viña.

5. Esta parábola es sorprendente, porque a la manera humana de pensar, lo que el dueño de la viña ha hecho es realmente una injusticia. El podría haber sido todo lo bueno que se quisiera, pero de hecho cometió con su trabajadores una gran injusticia, pagando a los que habían trabajado todo el día, llevando el peso del trabajo y del calor, lo mismo que a los que no trabajaron ni una hora.



6. Nosotros, a veces, como que nos sentimos indignados con Dios, porque no nos da lo que nosotros creemos merecer. Pensamos que El nos debería recompensar especialmente las buenas obras que hacemos. Nos parece injusto que se nos dé lo mismo a todos, sin tomar en cuenta nuestras obras y sacrificios.

7. Nos quejamos porque a veces vemos que a los malvados y sinvergüenzas como que les va requetebién en la vida, mientras que a nosotros (que siempre somos los buenos) nos va requetemal. Pensamos que Dios debería tener con nosotros una consideración especial y no tratarnos como trata a cualquiera.

8. La clave para entender el mensaje de la parábola, está en lo que nosotros podemos llamar la gratuidad del Reino de Dios. Gratuidad quiere decir que el reino de Dios es un regalo que Dios nos hace. El Reino, de hecho, es algo que nosotros ya habíamos perdido desde el pecado original que nos alejó de nuestro Padre Dios.

9. Sin embargo, a pesar de no existir en nosotros algo que pudiéramos llamar merecimiento, para participar del reino de Dios. El Señor quiso llamarnos a participar de él, por su Infinita Misericordia. Es cierto que nos puso unas condiciones para poder participar del reino. Pero de suyo, todo lo que el Señor nos da es algo completamente gratuito.

10. Hay personas que cuando agradecen un favor dicen: «Que Dios se lo pague». Es una expresión muy bonita, pero que en realidad, si Dios nos tuviera que pagar por lo que hacemos, nos quedaríamos con las manos vacías, porque no merecemos nada con nuestras obras. Mas bien tendríamos que decir: «Que Dios no me cobre todo lo que le debo». Porque entonces sí, solamente con el perdón de nuestras culpas, ya recibiríamos muchísimo más de lo que podríamos desear.



11. La parábola nos presenta, a un grupo de personas que están en la plaza sin hacer nada. El dueño de la viña pasa junto a ellos y los invita a trabajar. Les dice claramente cuánto les va a pagar. Y ellos aceptan el trato. La invitación es gratuita. Ellos no han hecho nada para merecerla. Lo único que han hecho es aceptar la invitación.

12. Lo mismo pasa con los siguientes grupos que reciben la invitación. Todo es gratuito y lo único que han hecho, es aceptar la llamada que se le ha hecho. Incluso, hay un grupo que recibe la invitación al caer la tarde.

13. Hasta aquí todo parece normal. Es en este momento cuando Jesús quiso desconcertarnos y sacarnos de la mente, la idea de que nosotros tengamos méritos que Dios debe premiar. El dueño le pide al administrador que les pague a los trabajadores, comenzando por los que acababan de llegar. Y a cada uno del dio un denario de sueldo.



14. Cuando llegan los primeros que empezaron a trabajar, se imaginaron que recibirían más. Y recibieron solamente un denario. Esto les parece una injusticia. Y si se nos pregunta a nosotros, también diríamos que se trata de un proceder injusto.

15. Pero conviene mirar más de cerca la parábola, ya que Jesús está poniendo una comparación, no entre varios trabajadores, sino entre diversos grupos de trabajadores. Cada grupo viene a representar a un pueblo o a un grupo de personas y, mientras unos recibieron la Palabra de Dios hace muchos siglos, otros apenas están acercándose a la fe.



16. A lo largo de la historia, Dios llama a los diversos pueblos, a que vengan a trabajar a su viña. Para empezar llamó a Abraham y le encargó, a él y a sus descendientes, su obra en el mundo. Más tarde, en tiempo de Moisés, mucha gente se juntó a su grupo para salir de Egipto, y lo mismo sucedió en los 
siglos siguientes. Los antiguos miembros del Pueblo de Israel defendían constantemente, su derecho a ser tratados mejor que los demás, pero se olvidaban de que la viña no les ha sido encargada a ellos en forma exclusiva. La Viña era y es del Señor.

17. Después, con la venida de Cristo, el Evangelio fue llevado a otros pueblos, que hasta entonces habían sido paganos. Ellos entraron a formar parte de la Iglesia y constituyeron la cristiandad. También ellos pensaron que el Reino de Dios y la Iglesia eran cosa suya.

18. Por ejemplo, el rey de España se llamaba el Rey muy Católico, y mucha gente pensaba que los indígenas de estas tierras, entrarían al Reino de Dios al mismo tiempo que se sometían al rey de España. Pero se olvidaban de que el Rey y todos los demás, únicamente estaban al servicio del reino de Dios. No era su Reino el que debían construir, sino el reino de Dios.



19. Hasta nuestros días, no han faltado personas que piensan que por pertenecer a determinado grupo, o que por prestar algunos servicios a la Iglesia, merecen un trato especial y se sienten molestos y ofendidos, cuando no se les concede los primeros asientos en el templo. Piensan que la Iglesia los traiciona, porque siempre habían pensado que la Iglesia era suya, gracias a las cosas buenas que habían hecho.

20. En la parábola, que Jesús nos ha presentado, todos, grupos o personas individuales, son puestos en un pie de igualdad y reciben el mismo denario, la moneda de plata del sueldo diario. Ese denario en el fondo es un regalo, ya que si Dios no nos hubiera llamado a participar del reino, no recibiríamos nada. Por eso hemos de alegrarnos por recibir ese regalo de Dios.

21. Entonces, ¿Y nuestro trabajo? ¿No merece recompensa? En realidad, aunque entreguemos toda nuestra vida al servicio de Dios y de su Reino, lo que Dios nos da es infinitamente más, de lo que en justicia merecemos. La paga de la Gloria Eterna sobrepasa totalmente, lo que nosotros merecemos por nuestros trabajos.



22. El esperar un trato especial, significa que lo que hacemos no lo hacemos por amor a Dios. Y en realidad, hagamos lo que hagamos, lo hemos de hacer por amor a Él. Ya sabemos que Dios nos va a hacer participar de su gloria. Esa es la promesa que nos ha hecho: “Vengan, benditos de mi Padre, a heredar el Reino preparado para ustedes, desde la creación del mundo”.

23. Ahora bien, si esa es nuestra herencia, no estemos buscando las miserables “recompensas” en este mundo. Porque lo que Dios nos da, siempre sobrepasa todas nuestras esperanzas. No estemos buscando gratificaciones ni tratos especiales. No nos amarguemos la vida esperando recompensas humanas. Lo que Dios nos da es algo realmente gratuito. Y todo lo que nosotros hagamos, no es más que una ocasión que Dios nos ofrece, para poder participar de su gozo eterno.

24. Demos gracias a Dios, por todo lo que somos y tenemos. Tratemos de agradarle haciendo siempre, y en todo, su santa voluntad. Tengamos claro que si Dios nos diera lo que merecemos, no recibiríamos nada. En cambio, al darnos según su Infinita Misericordia, siempre saldremos ganando. Dios es infinitamente misericordioso.




Oración de los fieles

Sacerdote: sabemos que los planes de Dios no son nuestros planes, y sus caminos son más altos que los nuestros, por eso le pedimos que nos haga caminar según sus planes y siguiendo sus caminos.



Sacerdote: Señor, Tú que eres bondadoso y justo concédenos esto que hoy te pedimos con la confianza de que todo ello nos ayude a vivir más plenamente unidos a Ti. 



Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.


**Capilla de María Visión México. Adoración Al Santísimo Sacramento 24 horas.**







*Blogger de Google*:



*QUE TU LUZ NOS GUÍE. TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA*







Las tres Ave María, para nuestra Madre del Cielo.










Evangelio Sábado 23 septiembre 2017. Ciclo A, XXIV de T.O. (Lucas 8, 4-15). Existe un encuentro secreto con Dios. * Palabra del Señor*.








El Santo Rosario. Misterios Gozosos. Lunes y Sábados.